El camino se hacía cada vez
más largo… Ya eran muchas horas de andar, y el lugar al cual debía arribar,
parecía estar aún muy lejano. En un instante una percepción instantánea fue que
el paisaje se repetía casi circularmente, pero sólo fue una sensación, que ni
siquiera hizo que piense en eso. No se detuvo en el detalle, y los pasos sobre
el sendero de grava prosiguieron con la ansiedad de llegar a ver esa
edificación, que sería la señal de que faltaba muy poco, para llegar a destino.
Las nubes se desplazaban a mediana altura, pero no daban el indicio de que
pudiera desatarse una tormenta, a pesar de lo grisáceo del día, y que el sol se
mantuviese esquivo para mostrar su luminosidad. Sabía que llegar a ese sitio,
era solamente un esfuerzo por romper con la monotonía que le venía impuesta,
casi como una autoexigencia, más que como la búsqueda de algún premeditado placer.
Si éste último se produjera sería por añadidura, como resultado de haber podido
salir de la inercia, y de saber que podía cumplir con ciertos requisitos
propios de la voluntad. Pero a pesar de los pasos firmes, aquella edificación no
aparecía, tampoco llegaba el atardecer, y las nubes seguían ocultando al sol. El
paisaje se repetía, y se repetía…

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