15.7.13

El subte y la brusquedad adulta

La escalera mecánica estaba detenida, lo que no impedía que los pasajeros igual bajen por ella. Udolfo no fue la excepción. Si bien había mucha gente, la estación del subte no estaba tan abarrotada como por la mañana cuando Udolfo hiciera el trayecto inverso. Se acercó al puesto de diarios, y apenas pudo constatar algunos datos de la revista que ya había visto horas antes en otro lugar, el transporte ya había arribado al andén. Esa publicación estaba en infinidad de sitios, por lo cual era inevitable volver a encontrarla. Se abrieron las puertas del vagón y todos se abalanzaron hacia dentro de él, con una brusquedad que a Udolfo le hizo recordar cuando siendo niño, sus padres lo llevaban a la fiesta del club. Mientras los adultos seguían en la mesa, los chicos jugaban en el salón a las escondidas o a la mancha, o hablaban entre ellos. Pero cuando comenzaba a sonar la música, los grandes se lanzaban a la pista para bailar, y no pocas veces Udolfo tuvo que correrse rápidamente para que no lo atropellen, o no lo pisen con los saltos que daban.

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