Ese día Filippo quiso ser
otro, no el mismo que venía siendo desde hacía cuarenta años, y para dejar de
serlo tuvo que adoptar un sistemático cambio de todas sus principales actitudes,
incluida su imagen. Se colocó delante del espejo y se dijo: -Ahora te llamás Bartolo,
haceme caso y andá cambiando todo lo que te diga, ya que en poco tiempo tengo
que verte como alguien que aún no conozco-.
Y así entre muecas,
retoques, momentos de silencio, gestos y diferentes movimientos; tras algunas
horas, comenzó a ver en el espejo a alguien que no conocía. Le constaba la
metamorfosis ya que además de saber su intención, no dudaba que lo que tenía
enfrente era un espejo, aunque lo que éste le devolvía no dejaba de
sorprenderlo.
Bastante conforme con su
cambio, salió a la calle y se dijo: -Ahora voy a hacer todo lo que antes no
pude- cuando por la vereda repentinamente vio que caminando hacía él, venía aquella
vecina por la cual siempre se sintió atraído pero nunca se animó a decirle nada.
-Esta es mi oportunidad- Se dijo
a sí mismo, mientras ella cuando lo vio, con un tono angustioso le expresó. –Qué
te pasa Filippo te veo desmejorado-.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario