Cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo ya había ascendido unos ciento cincuenta metros por la escalerilla de aquella imponente antena. Había subido y subido sin percatarme demasiado de la acción que estaba desarrollando.
Cuando miré hacia abajo me invadió el pánico y tomé conciencia que tenía que comenzar a descender, aunque las piernas y las manos comenzaban a temblarme y mis certezas empezaban a flaquear. Bajar de aquella altura no iba a ser fácil ni tampoco inmediato. Si me apresuraba corría el riesgo de trastabillar y caer, pero conociendo mi ansiedad esto se transformaba en una verdadera encrucijada.
Fue en ese preciso instante que desperté de esa cruel pesadilla y volver a dormir no se hizo para nada fácil, me quedé pensando bastante en aquella altura, hasta que el sueño me volvió a doblegar.
Aquella mañana cuando me levanté, estuve tratando de dilucidar en vano que había sucedido cuando volví a dormirme. ¿Habré bajado de aquella antena o aún sigo ahí?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario