Era bastante temprano, cuando tomé el transporte hacia el centro de la ciudad, y aún me repicaban los chuchos de frío, que por la noche, habían sido parte de la fiebre. Los cambios climáticos han sido muy marcados en el último tiempo, y esto no dejó de afectarme.
Al transporte, veía que iba subiendo mucha gente, que obviamente se dirigían a trabajar, y entre todos ellos, pude reconocer a dos, que los miré para saludar. Cuando uno de ellos ni siquiera hiciera la mínima mueca para devolver el saludo, mucho más me sorprendió que la segunda tampoco lo hiciera, y fue ahí donde me pregunté, si algo habría cambiado en mi rostro, como para que no me reconocieran, tal vez la fiebre pensé, o tal vez por ser temprano, aún seguían ellos, algo dormidos, pero la verdad que no me convenció ninguna de las dos respuestas.
Cuando llegué a destino, inmediatamente me dirigí hacia aquel sitio, Al entrar me sorprendió ver, que por una pequeña ventana, había alguien que me estaba mirando, y cuanto más yo me pusiera a ver a esa persona, ella me observaba de la misma forma, en que yo lo hacía con ella. A pesar de que nunca había visto ese semblante, me miraba como si me conociera de toda la vida. Me quedé bastante perplejo en relación a esto que me estaba sucediendo, cuando de pronto, irrumpió un fuerte temblor.
La ventana y quien me observaba, se convirtieron inmediatamente en un puñado irregular, de fragmentos de un espejo roto.
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