Aquella noche quiso romper
la inercia, sin saber muy bien cómo. Sabía que eso ya no era tan fácil como
cuando los flujos juveniles, permiten cambiar bruscamente de rumbo sin sentir
el golpe. Aquella fue una noche de esas que uno quisiera que fueran siempre
iguales, buena temperatura bajo un cielo estrellado, y la posibilidad de
caminar por un sendero no salpicado de errores sociales. Entonces recordó todas
esas viejas travesías.
Blues de la calle larga
Soberbios senderos urbanos
transitamos sin parar,
de suburbio en suburbio,
de pena en pena,
tratando de no aflojar.
Sombríos laberintos de piedra
que no se sabe, dónde van,
pero sí, que van.
Secretos y oscuros pasadizos,
tenuemente iluminados alguna vez
por intermitentes y huidizas esperanzas.
Suena y suena en mi corteza
un blues de muy alta densidad,
extenuadamente pesado,
oscuramente intenso,
e inaudible por oídos
que no se endurecieron
en incesantes derivas,
que nos fueron enseñando,
a golpes y porrazos,
que el dolor
así como viene
también se va.
Blues de la calle larga y sinuosa,
mientras escuche tu nota suspendida,
ni el bien será bien, ni el mal: mal.
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| Imágen: Aníbal Fernández |
Soberbios senderos urbanos
transitamos sin parar,
de suburbio en suburbio,
de pena en pena,
tratando de no aflojar.
Sombríos laberintos de piedra
que no se sabe, dónde van,
pero sí, que van.
Secretos y oscuros pasadizos,
tenuemente iluminados alguna vez
por intermitentes y huidizas esperanzas.
Suena y suena en mi corteza
un blues de muy alta densidad,
extenuadamente pesado,
oscuramente intenso,
e inaudible por oídos
que no se endurecieron
en incesantes derivas,
que nos fueron enseñando,
a golpes y porrazos,
que el dolor
así como viene
también se va.
Blues de la calle larga y sinuosa,
mientras escuche tu nota suspendida,
ni el bien será bien, ni el mal: mal.

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