Se lo tenía que decir pero no sabía cómo. Sabía
que eso iba a ser muy importante para ella, pero solamente si a través de otros
razonamientos, ella pudiera entender bien de qué se trataba, ya que si él se lo
dijera a secas, tenía la certeza de que habría malentendido, que lejos de
resolver algo, podría empeorarlo. Suponía que tenía claro, lo que tendría que
decirle, pero no encontraba las palabras adecuadas, no sabía cuál era el mejor momento,
tampoco el lugar, y dudaba acerca del tipo de gestualidad necesaria para poder
expresarse. Pero también sabía, o tal vez intuía, que ella estaba esperando que
se lo dijera, aunque ella nunca haya dado ningún indicio de ello.
Entonces caminó por la vereda en dirección hacia
el lugar en la que ella lo esperaba. Tocó la puerta y esperó ansioso ser
atendido. Con una sonrisa, un beso y un abrazo, ella lo recibió, pidiéndole que
pase y que se siente. Mientras tomaban café, él olvidó todo lo que había elucubrado
previamente. En un momento se le cruzó por la cabeza algo tan fugaz que en
pocos segundos ya ni lo pudo recordar.

1 comentario:
Magistral.
Pilín
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