Mientras caminaba por el sendero de conchilla y arena, ya no
recordaba nada de los problemas que lo aquejaban cotidianamente. Sus
pensamientos parecían haber desaparecido, o en todo caso haberse fusionado con
el paisaje que tenía ante sus ojos. Los árboles en ese lugar daban una sombra
que hacía que el intenso calor húmedo se convirtiera en una amenaza solamente
posible saliendo de ese lugar. Él se dio cuenta de ello cuando notó que la
transpiración -estando debajo de las ramas plagadas de hojas que cubrían el
camino- se le secó rápidamente.
Aquella zona en otros tiempos había sido un incansable desfiladero
de almas trabajadoras que, en ese lugar se ganaban el sustento diario. Hoy, era
un desierto humano, con residuos arqueológicos de una industria devastada.
Cañerías oxidadas, chimeneas derruidas y restos de maquinarias ya inservibles.
Pero no todo era parte del pasado, quedaban algunas plantas fabriles funcionando,
con desperdicios que se desparramaban por la tierra, mientras que algunos
aceites manchaban el agua del canal -que se extendía al costado del sendero-,
generando esa aureola característica.
Ya no había nada por hacer en aquella parte del entramado
urbano, más que recordar en ella otros tiempos. Haberse sumergido en recuerdos,
había sido tal vez la única razón para ir hacia ese sitio. Las fotos que sacó
en ese momento –pensó- para él tenían un significado, que para cualquier
observador seguramente no. La imagen no es sólo lo que muestra, sino qué alude.
Regresó sabiendo que no pudo traerse de ahí, todo lo que
hubiera deseado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario