13.12.25

La vendedora

Cuando Etelvina comenzó a vender esos jabones, en principio creyó fervientemente en las cualidades extremadamente ventajosas del producto. Si se utilizaba regularmente esa marca en poco tiempo, desparecían las arrugas de la cara o en su defecto se atenuaban considerablemente, considerando obviamente la edad. No se puede pretender a los 80 años no tener ninguna arruga.

Etelvina tuvo que hacer un curso previo de unos dos meses en el que a los futuros vendedores les explicaban minuciosamente las atribuciones de este súper jabón casi mágico. Se sentía ella, casi una agradecida por haber sido elegida para vender un producto de calidad extrema. No cualquiera puede lograrlo, pensaba. Tendría que soportar envidias.

Habiendo pasado un par de años, Etelvina se fue dando cuenta de que ese producto no era tan maravilloso como se lo pintaba, que no era muy distinto de las otras marcas consideradas como buenas. Por lo demás, su trabajo no le daba los beneficios que ella supuso en un inicio. No pudo aún cambiar de auto por decir algo. Cada vez que ofrecía su producto, ya no tenía el entusiasmo de antes y casi siempre al hacerlo recordaba algo sucedido hace ya unos quince años.

Al regresar a su casa del colegio secundario, Etelvina se percató de una discusión entre los vecinos de la casa de al lado. El hombre y la mujer se habían separado tras unos treinta años de convivencia. Posteriormente, ella se enteró de que el hombre se había ido a otra casa, pero le reclamaba algunas cosas a su ex mujer, por ejemplo, algunos muebles o electrodomésticos. La mujer le ofrecía algunas cosas que ella no tendría en cuenta y negociaban.

Lo asombroso fue cuando ella le ofreció llevarse a Piñón, el viejo perro de razas cruzadas para no decir común que ambos criaron por casi una década. El no quiso saber nada. No podría hacerse cargo. Ella le insistía. Tal vez alguno de sus hijos lo quisiera, pero dudaban. A quién le meterían el perro, debatían.

Hoy existe una cruzada bastante grande de personas ocupadas en animales, fundamentalmente perros y gatos extraviados, para que vuelvan con sus dueños o conseguirles nuevos. Es una preocupación muy saludable y que ayuda a sensibilizar. Tal vez a mucha de esa gente el relato anterior los pueda indignar, pero eso sucede y no hay que obviarlo.

De algún lugar debe de haber salido eso de “Meter el perro”.

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