30.8.12
Ascenso y descenso- 1ra parte
Cuando salí de casa, llegar a ese sitio era la prioridad, y me propuse hacerlo cuanto antes. Tomé entonces por aquella calle de adoquines, que bordeaba las vías del ferrocarril, y cuando vi el viejo puente para peatones, me dije que era un buen atajo para ganar tiempo. Entrar a cruzarlo me hizo recordar esas viejas fábulas de laberintos, y por qué no, algunas pesadillas donde uno se pierde en el trayecto, e intenta en vano encontrar la salida. La escalera de madera empotrada en una estructura de metal oxidado, de pronto se cerraba sobre si misma y me hacía pensar que la marcha se había terminado. Toqué con mis dedos el final del recorrido, y fue gratificante saber que algo de mi impaciencia, era derrotada por una pared de terciado que se levantaba para dejarme pasar, y poder proseguir el ascenso hacia el sitio desde donde era posible descender hacia el otro lado de la vía. Incliné mi cuerpo hacia abajo y pude proseguir hasta lo más alto de la escalera. En ese último tramo sentía que escalaba lo más alto de un castillo feudal, y que el metal ya no estaba ni oxidado, ni que la madera estuviera carcomida por la humedad del agosto lluvioso. Ya nada impedía que llegara yo, al lugar desde donde pudiera acortar el camino para alcanzar ese sitio que había fijado como prioridad.
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