En la casa habitaban varias
personas, entre ellas nuestro personaje principal (lo llamaremos X). Había en
ese sitio un malhechor (Y), que los tenía a todos sujetados como rehenes. No
sabemos cómo, pero la policía se enteró de la situación y acudió al lugar para
detener al victimario. Cuando llegaron: “X” se sintió algo alivianado, pero “Y”
logró esconderse en algún lugar de la residencia, y la policía al no
encontrarlo, se retiró como si nada hubiese ocurrido. Solamente “X” se indignó
por la situación, mientras que los demás no acusaron ningún recibo de lo
ocurrido. Los principales perjudicados por el accionar de “Y” prosiguieron sus
vidas como de costumbre, mientras que “X”, que siempre fue, casi un testigo
presencial de los hechos, no alcanzó a salir de su estupor, cargado de rabia y
desánimo.
La policía repitió la búsqueda
de “Y” en la casa, innumerables veces (Hasta ahora no sabemos la causa de la
reiteración), pero nunca lo encontró, ya que este último siempre logró esconderse
en algún lugar inexpugnable para ellos. “X” siempre supo donde se había
refugiado, pero nunca pudo manifestarlo, debido a negligencias que él mismo consideró
como propias.
El resto de los habitantes
de la residencia, continuaron su rutina como si nada inusual hubiese sucedido. “Y” prosiguió mortificándolos, mientras “X” comenzó a preguntarse si sólo él era el que se
percataba de su existencia, o si las supuestas víctimas al no darse por
aludidas, se encontraban en complicidad directa con el victimario, y por esta
razón: el desconocimiento. A su vez,
también supuso la connivencia de la policía con el malhechor, apañada en el
silencio de las principales víctimas. Hasta hoy: “X” duda en sí esto es producto
de su acalorada imaginación, o un hecho extremadamente real.

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