11.5.13

Alocada carrera por el desierto



Las gotas de transpiración le bañaban su cuerpo desnudo, mientras sus piernas no podían cesar esa alocada carrera por el desierto árido y templado. Sus pies descalzos amortiguaban el fuego de la arena, no deteniendo semejante  trayectoria. De todas formas, él sentía la quemazón, y no solamente en las plantas de los pies. Sentía que la piel se le despegaba y que sus labios se resquebrajaban. Cada vez su visión se tornaba menos aguda, menos fina, más confusa, y paulatinamente fue perdiendo la perspectiva del horizonte, pero no podía dejar de correr, aunque su cuerpo sintiera una extremada fatiga. Tampoco pudo recordar por qué había comenzado semejante huida.

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