Caminaba por la amplia vereda con la frente bien alta. En
sus pensamientos recordaba aquella frase de aquel que camina “haciendo la pata
ancha”, y si bien nunca entendió muy bien la correspondencia de esa frase con
lo que supuestamente significaba, él sabía que estaba caminando de esa forma. Mientras
tanto los pibes jugaban a las bolitas muy cerca del sendero que trazaba
Indalecio. El tipo que había cumplido sus 41 pirulos apenas hace 20 días, creía
que las chicas que lo cruzaban por aquella vereda, y que tal vez no tuvieran
más que 16, lo miraban alborozadas. Es posible que hubiera algo en Indalecio
que llamara bastante la atención, pero seguramente no el motivo que él podía suponer. El pibito de muy buen ñati reventó con su bolita otra que estaba a
casi tres metros de distancia. Indalecio dándose vuelta pudo ver el movimiento
sin dejar de asombrarse… Cuánto tiempo
había pasado de cuando él había jugado a las bolitas por última vez. La
hermanita mayor del pibe ganador se paró para aplaudirlo.

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