De las
innumerables, extensas y hasta tediosas conjeturas que propiciaran la
inapelable certeza con la cual Vogel pudo cerrar el dilema, ninguna de ellas fue
comparable a cuando descubrió por un dato que le ofreciera un testigo casual, que
gran parte de la investigación sobre el crimen de Zacarías, había sido
falsificada. Se habían fraguado hechos inexistentes, contactos falaces y toda
clase de artimañas para que nunca se sepa cómo habían sido los sucesos. Ernst
Vogel pudo dilucidar así que aunque la investigación se encarrilara en buen
sentido, cualquier resultado iba a resultar carente de legitimidad. La causa
había quedado signada así como un intrincado laberinto judicial.
Vogel pudo saber
cómo había sido el crimen de Zacarías, quién lo había planeado y quiénes habían
sido los ejecutantes. La víctima había sido emboscada una noche en la que se
dirigía a cobrarles un dinero sucio a sus ex socios. Nuestro detective pudo
saber a ciencia cierta que no fueron ellos precisamente los que lo mataron,
pero sí que los que estuvieron detrás de esa muerte aprovecharon la coyuntura
de dicho encuentro. Los sicarios intentaron inculpar a los ex socios de Zacarías,
pero cometieron un grave error que no pudieron subsanar más allá de haber
arreglado todo con la policía y los jueces. La declaración testimonial de uno
de los testigos casuales quitó la verosimilitud de culpabilidad de los ex
socios. Los hechos habían sido planeados a la perfección, pero confiados en el
arreglo, no previeron que la declaración del testigo haya dado por tierra con
la tesis de que el asesinato hubiera sido realizado por los acosados por
Zacarías. Lo tremendamente paradójico es que el testigo era parte de la banda
de los asesinos, y que esa noche ni siquiera había estado en el lugar del
hecho. En el juzgado cometió el error de confundir la forma en cómo Zacarías
había muerto. En lugar de referirse al disparo de un arma con silenciador, dijo
que la víctima había sido apuñalada. El juez al escucharlo no podía creerlo.
Estando arreglado con los sicarios, no pudo impedir que los acusados fueran
liberados, y que se abriera una cadena de incertidumbres en torno al caso. El
grosero error del testigo que había sido señalado como verídico por la policía y
los verdaderos asesinos, hizo que se pasara a implementar un plan alternativo,
consistente en que si bien los que habían sido acusados ya no podían serlo:
había que lograr que la marea nunca se dirija hacía los verdaderos asesinos.
Estos últimos llegaron a afirmar en un momento en que ni siquiera se conocían
entre ellos, y que la primera vez que se habían visto fue en ocasión de la
muerte. Esto si alguna sospecha había recaído sobre ellos, lograba multiplicar las
opciones.
Ninguna
investigación seria se realizó en torno al acontecimiento. Vogel nunca pudo
decir nada al respecto, pero en una de sus investigaciones logró las pruebas
necesarias para hacer detener a uno de los asesinos, pero por un delito
completamente diferente.

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