Por esa calle, en
ese momento sólo se podía transitar por una mano. En la otra estaban trabajando
para colocar debajo de ella unas tuberías de gas. El rengo Julio tomó la
bicicleta del diariero, para poder llegar hasta la inmobiliaria. Siempre que
tenía que transitar más de 1 kilómetro se la pedía prestada. Se subió a ella en
la vereda y esperó que los 35 automóviles que venían por la única mano le
permitan bajar hasta la calle. Pasaban además algunos camiones y nadie quería
perder su chance de llegar lo más rápido posible, aunque hacerlo ya era una
quimera.
Julio cuando pudo
colocar la bicicleta a contramano, intentó pegarla al cordón de la vereda para
que nadie lo toque en ese movimiento y logre desestabilizarlo. Algunos
desniveles y baches en la acera conspiraban contra su integridad física, y el
tiempo que le llevaba transitar una cuadra, hubiera sido menos si la renguera
no le hubiera impedido ir caminando. Julio también sabía que alguna hora
posterior a ese momento se transformaría en un sendero intransitable, ya que la
cantidad de móviles se iría a incrementar como sucedía diariamente. Si a esa hora
en las esquinas tenía que esperar unos diez minutos para que quede algún
espacio vacío entre auto y auto, para poder cruzar, una hora más tarde ese
tiempo de espera se podía duplicar, o incluso triplicarse.
Cada dos meses la
mayoría de las calles necesitaban que se volviera a asfaltarlas y nivelarlas,
porque el incesante tránsito las deterioraba bastante rápido. Julio pedaleaba y
rezaba -a vaya saber qué santo-, de que no se le suelte la cadena de la
bicicleta. De repente sintió un ruido a sus espaldas, y una moto también en contramano
intentó pasarlo, haciendo sonar su caño de escape recortado. Una camioneta se acercaba de frente a gran velocidad, a pesar de lo frágil de esa calle, y el incesante
tránsito. La moto se estrelló -en el intento de pasar a Julio- contra la camioneta,
y repentinamente el ruido del accidente enmudeció el ruido de los motores.
Julio miró a su costado y no titubeó, siguió su marcha, por saber que en pocos
minutos la inmobiliaria iría a cerrar sus puertas. Ya 5 veces antes no había podido llegar a
tiempo.

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